Razones para firmar por su libertad, en el marco de la Campaña “Déjala Decidir”

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Por: 

Susana Chávez A.

Discutir sobre el aborto invita a desarrollar distintos niveles de reflexión y hacerlo con argumentos podría dar cuenta de las distancias que aun separan a los hombres de las mujeres, tanto a nivel simbólico, como real. Pues aun cuando el aborto ocurre solo en el cuerpo de las mujeres, no es un fenómeno aislado y sólo evaluado desde esta perspectiva podríamos entender porque resulta tan difícil ponernos de acuerdo sobre algo que parece tan obvio.

Para explicar mi punto de vista, usaré como ejemplo la analogía entre la donación de órganos (incluyendo la donación de sangre), y el aborto. Para donar un órgano o dar sangre, primero hay que estar de acuerdo. Sin temor a equivocarme, no hay ninguna legislación que obligue a una persona a donar parte de su cuerpo, así sea para salvar a otra persona de una muerte inminente, aunque este sea un hijo. En consecuencia, obligar a alguien a donar un órgano, sería un grave delito, sin importar las buenas razones que podría haber para hacerlo.

Superado el asunto de la voluntariedad, un segundo elemento a considerar es la valoración de los posibles daños que podría generar dicha donación y si ello se comprueba, por más voluntad que exista para donar, podría considerarse no apto para la donación, pues los médicos también deberán regirse por el principio de la no maleficencia.

Sin embargo, a las mujeres gestantes que llevan un embarazo no deseado y que por añadidura resulta riesgoso para su salud y su vida, si se les obliga a llevar adelante el embarazo bajo el argumento de que debemos “defender la vida” del no nacido. Desde esta perspectiva ¿Cuál sería la diferencia entre el feto y el niño que necesita que su padre biológico le done un riñón?. Siguiendo esta lógica, así como se obliga a la mujer a continuar con el embarazo que no quiere y que le causa daño, también debería obligarse a los padres biológicos a donar sus órganos cuando sus hijos lo requieran, así ello les signifique tener que recurrir a la diálisis dos veces por semana, durante el resto de su vida, en caso se trate de una donación de riñón.

No tengo idea cuántos niños y niñas mueren por no disponer de un donante de órganos, ni cuantas familias tienen que recurrir al mercado clandestino para conseguir sangre, porque les aterra donar su propia sangre. ¿Acaso existe alguna sanción por negar una donación?, ¿los familiares que no donan son repudiados?, ¿son tratados como asesinos? Seguro que no, pues nadie deja de reconocer que la donación de órganos sólo se puede dar respetando la total autonomía del donante, garantizando su consentimiento informado y tomando en cuenta sus propias razones, es decir su privacidad.

Lamentablemente, en el caso de la mujer que no quiere continuar con un embarazo que afecta su salud, que daña su vida, como es el caso de un embarazo producto de una violación, ocurre todo lo contrario. Son otros los que la obligan a sacrificarse, a poner en extremo riesgo su vida y a determinar su futuro.

Reconocer la inconsistencia es un paso importante, pero no es suficiente, requiere el mandato ético de dejarla decidir, pues nadie más que ella debería tener la facultad de decidir qué desafíos quiere asumir y cuánto riesgo correr.

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