Pensando en lo nuevo

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Por: 

Humberto Campodónico

La pregunta que se hacen muchos países que dependen  económicamente de la explotación de recursos naturales es: ¿qué hacemos ahora que han bajado los precios y nos encontramos con una enorme caída en los ingresos del sector exportador y, también, en la retracción de la recaudación tributaria?

Y estos países no son pocos. Según el FMI, un país es dependiente de los recursos naturales cuando más del 25% de sus exportaciones dependen de ella. Dice el FMI que hay más de 60 países en el mundo, de un total de 192, que “cumplen” con esa definición. En América del Sur, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela lo superan ampliamente (entre 50 % y 50 %) con las actividades extractivas. Si añadimos las exportaciones agrícolas y pecuarias, entonces entran Argentina, Paraguay y Uruguay. Y también Brasil.

Hace dos semanas asistimos a una “Conferencia sobre el Comercio Exterior”, convocada por el gobierno de Argelia. Este país exportó US $ 64,400 millones en el 2013, de los cuales US $ 63,300 millones fueron petróleo y gas. O sea que su dependencia es cerca del 97%.

Lo interesante aquí es la clara comprensión del gobierno del problema que tiene entre manos, lo que definen así: “Queremos el debate más amplio posible sobre la problemática del comercio exterior entre todos los actores (poderes públicos, contrapartes económicas y sociales, expertos, comunidad académica), así como los representantes de instituciones internacionales especializadas para no solo tener un intercambio de puntos de vista, sino igualmente para reflexionar acerca de cuáles son las medidas a tomar para mejorar la calidad y el nivel de la producción nacional a fin de satisfacer, de un lado, las necesidades del mercado doméstico y, de otro, mejorar la oferta y el volumen  de las exportaciones no hidrocarburíferas”.

La Conferencia fue inaugurada por el Premier y estuvo presidida por el Ministro de Comercio. También asistieron y presentaron ponencias, entre otros, el Ministerio de Economía, Transportes, Relaciones Exteriores y Educación. Dentro de las cerca de 700 personas asistentes, estaba buena parte de la plana gerencial del sector público, así como representantes de los gremios empresariales e industriales.

Un tema recurrente de la discusión fue la “ventana de oportunidad”. ¿Acaso no es positivo que –debido a la situación actual– todo el gobierno y el sector empresarial estén convencidos de que hay que avanzar hacia la diversificación de exportaciones?

Pero otros decían, “en realidad la ventana de oportunidad ha estado abierta durante muchos años, desde que comenzó el boom de precios en el 2002-2003 y no la hemos sabido aprovechar. Tenemos 2,500 km de costa y de playas pero no hemos puesto en marcha la infraestructura turística, como sí lo ha hecho nuestro vecino Túnez, por ejemplo. Y no han avanzado mucho nuestras exportaciones no tradicionales. ¿No será, más bien, que justo ahora, la ventana se está cerrando?

 Más allá de esa importante discusión, lo que deseo subrayar es la clara comprensión del problema y de la coyuntura por parte del gobierno, lo que se cristalizó en una serie de acuerdos tomados al final de la Conferencia.

El equivalente nacional sería una Conferencia convocada por el Presidente Humala, con los Ministros de Producción (Produce) y Comercio Exterior (Mincetur) a la cabeza, alineando al conjunto del gobierno y los representantes de los sectores productivos alrededor del eje: el problema no es que exportemos minerales y petróleo (siempre y cuando tengan licencia fiscal, ambiental y social).

“El problema es que no le hemos dado la importancia necesaria a las actividades productivas e industriales. Si pudimos exportar materias primas a precios altos por más de una década, es porque China y toda Asia las necesitaban para su proceso de industrialización. Fue un error creer que seguiríamos creciendo por 20 años más con impulsos externos que nos han hecho dependientes y vulnerables. Ahora nos damos cuenta de que debemos diversificar las actividades productivas”.

“Tenemos que sacudirnos de la discusión acerca de si la culpa es más externa que interna, o viceversa. El eje central es que no podemos seguir confiando en que las actividades extractivas solucionarán los problemas, para lo cual, de un lado, es indispensable dejar de lado la permisología y la tramitología”.

“La solución no va a venir por el lado de Energía y Minas. No solo eso, de ahora en adelante el rol del MEF va a consistir en apoyar las políticas de diversificación de la actividad productiva. Los considerables ahorros de los superávits fiscales de años anteriores –que, según Roberto Abusada llegan a US $ 30,000 millones– apuntalarán ese objetivo”.

Este cambio de “chip” en el gobierno no sería difícil de realizar. Pero en la actual circunstancia resulta una utopía. El discurso preponderante es “destrabar” las inversiones –léase Tía María–, para lo cual es indispensable “poner orden y tener mano dura”, como lo insinúa el Premier Cateriano.

Es lamentable. Todos los discursos actuales de los organismos multilaterales apuntan hacia reformas que permitan la diversificación de la actividad productiva y que se incida en el avance –escaso– hacia la sociedad de la información y del conocimiento. Es lo que, en mayor o menor grado, se está comprendiendo en buena parte de los países dependientes de recursos naturales, incluidos varios de la Región. Nos estamos quedando rezagados, pues prima la pereza mental que dice que pronto volverá  la época de altos precios de las materias primas. 

Publicado en el Diario La República 20 abril 2015

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