Otto Pérez y Alberto Fujimori

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Por: 

Carlos Bedoya

Lo que está viviendo hoy Guatemala me recuerda mucho a lo que pasó en el Perú a inicios de siglo. Otto Pérez, presidente del país centroamericano hasta hace unos días, al igual que Fujimori en el 2000, tuvo que renunciar en medio de una crisis política de envergadura donde ya no lo querían ni las piedras, y donde hasta sus amigos, aliados, empresarios afines y embajada gringa le bajaron el dedo al ver una movilización de cientos de miles en las calles.

Ambos, envueltos en una gran corrupción, también cargan en sus espaldas asesinatos durante las respectivas guerras internas. Los dos están presos. Claro, Pérez no pudo huir de Guatemala como lo hizo Fujimori antes de renunciar por fax y fue detenido ni bien dejó el cargo (aunque un par de ministros si huyeron vía Panamá). Por su parte, Fujimori apenas puso los pies en el Perú - luego de su periplo por Japón y Chile - fue apresado para, igual que Pérez, llevar su juicio en prisión.

Y hago este parangón porque por cosas de la vida me tocó estar en Guatemala el último jueves 27 de agosto, cuando se produjo una especie de Marcha de los Cuatro Suyos “chapina”, en la que guatemaltecos y guatemaltecas de diversas clases sociales (indígenas, trabajadores, clase media, empresarios, académicos, artistas, profesionales, pobres, etc.) salieron a las calles masivamente como la fresa en el chantillí de varios meses de continuas protestas.

Y cómo no podía ser de otra manera, los vladivideos peruanos tuvieron su paralelo en Guatemala con varias escuchas telefónicas donde el propio Pérez pide sacar al jefe de recursos humanos de la SAT (la SUNAT de allá) para facilitar los negociados que se cocinaban desde la presidencia con los impuestos de todos (y más chanchullos). De hecho la vicepresidenta de Pérez está presa desde el 25 de agosto por ser la más implicada en este entuerto que ha dañado terriblemente la moral tributaria de ese pueblo. ¿Quién va a querer pagar impuestos al ver cómo desde el poder manejaban a su antojo la recaudación? Eso me hizo recordar la policía fiscal que era la SUNAT en tiempos del chino.

Los medios de comunicación de los que mandan en Guatemala como El Comercio con Fujimori, se le voltearon a Pérez rápidamente para acomodarse y ser paladines de la lucha anticorrupción. Y si bien, en el caso peruano el ingrediente de dictadura fujimontesinista que parecía relegirse ad infinitum, le puso un tinte más de lucha por la democracia; la tradición militar de Pérez Molina y sus antecedentes de carnicero en la época más violenta de Guatemala sugerían un ánimo parecido.

Pero lo más triste de todas estas comparaciones, que por cierto merecen matizarse salvando las distancias, es que también en Guatemala esa masa indignada parece que no va a encontrar una representación política a la altura. La izquierda guatemalteca está igual o peor que la peruana de fines de los noventa (y que la actual también): dividida, fragmentada, peleada y sin ambición real de disputar el poder. Peor aún, aquí nos terminó representando Toledo, que pateó la “transición” hasta que Alan II la hizo añicos. En Guatemala no tienen ni eso, pero igual como pasó aquí, los que tienen la sartén por el mango terminarán cambiando solo de operadores para que nada cambie en el fondo.

Publicado en Diario Uno

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