La pobreza y los programas sociales

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Por: 

Humberto Campodónico

El Informe de Pobreza del INEI de la semana pasada nos dice que esta disminuyó 1.2% en el 2014, con lo que ahora en el Perú los pobres son el 22.7% de la población. El 1.2% es la cifra de reducción más baja de los últimos años y está en relación directa con el magro crecimiento del PBI en 2,4% el año pasado.

La reducción de la pobreza está en el centro de la discusión acerca de si se está produciendo o no la inclusión social, uno de los ejes de política más importante de este gobierno, que tiene como punto de apoyo central la creación del MIDYS y una serie de programas sociales, como Juntos, Pensión 65, Beca 18, Qali Warma y otros. Por eso es importante saber si estos programas están cumpliendo sus objetivos.

En el 2014 la reducción de la pobreza en la sierra rural fue de 2,5%, más del doble de la cifra nacional (1,2%). Por tanto, se puede decir que –en medio de este decrecimiento general– a la sierra rural “le está yendo mejor” que al resto.
Una explicación es la incidencia de los programas sociales mencionados, pues su participación en los ingresos del sector rural aumenta en 85 % del 2009 al 2014 (1). Y la cifra de aumento en el 2014 con respecto al 2013 es también alta: 18,2 %.

Cuando se analiza el gasto de los deciles más bajos del sector de la sierra rural se encuentra lo mismo. El decil 1 aumentó su ingreso de 84 a 94 soles mensuales promedio del 2013 al 2014, un 12.8 %. Y el decil 2 y el decil 3 aumentaron de 124 a 132 soles (6,8 %) y de 150 a 158 soles (5,5 %). En gran medida, esto se debe a Juntos y a Pensión 65.

Anotemos que la línea de pobreza para la sierra rural fue de 256 soles mensuales en la sierra en el 2014. Por tanto, los deciles 1, 2 y 3 no solo son pobres, sino pobres extremos, pues no pueden pagar la canasta alimentaria de 256 soles (lo mismo sucede hasta el decil 7).

Es evidente, entonces, que los programas sociales ayudan a la reducción de la pobreza. El propio ministro de Economía, Alonso Segura, ha dicho que los programas sociales explican el 87 % de la reducción de la pobreza de 1,2 % en el 2014 y que el 13 % restante se explica por el crecimiento económico. Eso no quiere decir que solucionen todos los problemas. Así, por ejemplo, que la desigualdad en el Perú no ha variado en estos años, ni siquiera en la sierra rural (donde, como hemos visto, la pobreza ha continuado disminuyendo).

Es en este contexto que Alan García ha dicho que en su gobierno se redujo más la pobreza, sin tener en cuenta que durante su gobierno hubo “viento de cola” por los altos precios de las materias primas. Compara “papas con camotes” para sacar beneficio político. Como siempre.

Otros han dicho que los “programas sociales” son populistas y son usados por el gobierno para obtener el apoyo de la población con sus votos en las próximas elecciones. Lo mismo se ha dicho en otros países de la región, sobre todo en Brasil y también en México. En una palabra, “yo te ayudo con plata y tú votas por mí”.

Otra crítica proviene de la Cámara de Comercio. Dice que “el Perú podría reducir la pobreza al 6 % si se tiene tasas de crecimiento anual del PBI de 7 %” (23/04, semanaeconomica.com). Aquí la CCL parece no haberse dado cuenta de la situación económica mundial y de la estructura productiva del país.

Y ese es justamente el problema que se debe encarar. Ciertamente, los programas sociales están ayudando a reducir la pobreza (y , ojo, están ayudando más a los pobres extremos, lo que por sí solo constituye una cachetada a los críticos). La cuestión es que su eficacia será menor en un contexto de cada vez más bajo crecimiento. De otro lado, que pueda haber uso político no es argumento para eliminarlos. Lo que hay que hacer es impedirlo. No hay que tirar al niño con la posible agua sucia de la bañera.

Con lo cual volvemos al principio. La reducción real y duradera de la pobreza se logra con la creación de empleo productivo en los diferentes sectores, a través de políticas y esfuerzos concertados entre los actores económicos y el Estado. Los programas sociales –a partir de la isla de eficiencia” en que se está convirtiendo el Midis- ayudan a los pobres, mientras tanto, pero no son la solución.

Hay, además, una cuestión central: la autoestima y la dignidad de la persona tienen su recompensa con el trabajo digno, más allá de la buena voluntad de los programas sociales. Terminadas las vacas gordas de los altos precios de las materias primas, hay que dejar de lado el piloto automático y dejar de lado la idea de que este es solo un pequeño bache y que ya regresan las vacas gordas. Eso no está sucediendo, sin embargo, cuando vemos lo que pasa con Tía María.

(1) www.inei.gob.pe, Cuadro I.18
(2) www.inei.gob.pe, Cuadro I.10

Publicado en El Diario La República, 27/04/2015

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