La devaluación argentina: Dos hipótesis con final de turbulencia

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Por: 

Carlos Alberto Adrianzén. Docente y Candidato a Doctor por la Universidad Nacional de General San Martín.

Hacia fines de abril el dólar se transaba en el mercado cambiario a 20.56 pesos, el último lunes la cotización cerró en 25.5 pesos por dólar. En lo que va del año el peso argentino perdió 34% de su valor. Un 80% de esta devaluación se produjo en las últimas tres semanas. Lo sucedido con la moneda argentina no solo puso en alarma a la población de ese país, sino que tiró una sombra de dudas sobre la viabilidad del programa económico y el futuro político del gobierno de Mauricio Macri. Trajo por último a un viejo pero indeseable conocido del país gaucho: el Fondo Monetario Internacional.

Lo sucedido con el peso y la llegada del organismo multilateral ponen un gran signo de interrogación sobre el centro de la propuesta macrista. 

Si bien la coalición liderada por Macri ganó las elecciones de 2015 con una promesa de no ajuste, empezó su gobierno con una ligeramente distinta que podría ser resumida como ajuste si, shock no. Se podrá debatir si lo que hace este gobierno califica para sectores especialmente vulnerables de la población como un suave ajuste o más bien un shock  económico en toda la regla (despidos masivos en el gobierno federal, recortes en subsidios, ajustes en el área científica, etc.). Lo cierto es que el corazón del pacto de gobierno que ofreció Cambiemos al país fue un ajuste gradual de la economía que permitiera corregir las distorsiones dejadas  por la “pesada herencia” del gobierno anterior y relanzar el crecimiento económico de una Argentina conectada al mundo.

Es decir que la propuesta gradualista del gobierno con el pueblo se expresaba en la búsqueda simultáneamente de la reducción de los niveles de inflación, déficit público, así como la corrección de los precios relativos, sin simultáneamente parar en seco la economía y profundizar la pobreza de grandes segmentos de la población argentina.

Si había un pacto con el pueblo en su sentido más amplio, hubo también un pacto con los de arriba (visto más benévolamente un pacto para aumentar la competitividad del país y atraer inversiones). Las medidas de este acuerdo más o menos implícito supusieron la liberación de los controles de cambio que el gobierno anterior había implementado como mecanismo para resolver la escasez de divisas; el retiro de una serie de impuestos a las exportaciones de los principales cultivos de la Argentina (que son al mismo tiempo productos de la canasta básica) aumentando de facto la rentabilidad para sus propietarios; la eliminación de los plazos obligatorios que los grandes conglomerados agroindustriales tenían para liquidar los dólares obtenidos por sus cosechas; autorizar subas muy importantes en las tarifas de servicios públicos y de los combustibles aduciendo que así aumentarían las inversiones en estos sectores; la apertura del mercado de bienes que aumentó los niveles de importación y que sacó del mercado u obligo a reconvertirse a un grupo significativo de empresarios. Por último, forzar a los poderosos sindicatos argentinos a negociar convenios salariales colectivos por debajo de la inflación, achicando en términos reales los salarios de la economía. Sucintamente, ayudar a reconstruir la tasa de ganancia de estos sectores económicos.

¿Cómo era posible ejecutar este programa de reformas económicas que prometían ejecutarse con el menor costo social posible? Sin ninguna novedad en términos históricos para Argentina esto era solo posible vía un masivo endeudamiento externo. En los últimos dos años Argentina es el país que más deuda emitió, colocándose por encima de países como China, Corea o México. Solo con estos recursos frescos y la ejecución de un programa de ajuste gradual podría el gobierno superar el veto o la pasividad de actores sociales y políticos muy poderosos. En última instancia la condición de gobernabilidad del macrismo no estaba bajo su control; sino bajo comando de los mercados financieros internacionales.

Hay por lo menos dos formas de leer lo sucedido en estas semanas. Una primera posibilidad es que en un escenario interno precario, un cambio exógeno en las condiciones financieras globales hayan gatillado la megadevalución vivida.

Es decir, que en un escenario interno turbulento con una inflación que quedaría por segundo año lejos del objetivo del BCRA, dificultades del gobierno para avanzar en algunas de sus principales medidas (reforma laboral) e incluso el riesgo de la retracción de medidas ya implementadas (políticas que disminuyan el ritmo del aumento de las tarifas de los servicios públicos);  el aumento en la tasa de interés del banco central norteamericano y la expectativa de que estos cambios en las tasas se realicen más rápidamente se habrían convertido en la señal para que los fondos de corto plazo atraídos por las exorbitantes ganancias que ofrecen las letras del banco central argentino, salieran en estampida. Si a esto se le suma errores en la coordinación de la políticas económicas entre el Banco Central y los diferentes ministerios vinculados al tema económico se completan los factores que explicarían la mega devaluación que le explotó en la cara al gobierno macrista. Y que, más grave aún, pondrían en peligro el financiamiento del plan gradualista.

Sin embargo, esta no es la única explicación. La otra posibilidad, acaso más difícil de comprobar sin acceso a información del círculo gobernante, es que esta perdida del valor del peso haya sido parcialmente buscada. Es decir, que frente a las dificultades del frente externo y con algún ruido en el escenario local, el gobierno de Macri haya decidido estirar la devaluación del peso y aproximarlo a su valor correcto (señalado en torno a los 28 pesos por dólar tanto por miembros de la comunidad financiera como por autoridades del FMI). 

Se debe tomar en cuenta que con las negociaciones salariales prácticamente concluidas  (casi todas alrededor de un 15% anual, es decir de 5 a 10 puntos por debajo de la inflación esperada para este año), la medida permite una mayor reducción de los salarios (medidos en dólares) y un aumento de las ganancias en pesos a los sectores exportadores y a las empresas de servicios públicos. Al argumento anterior se le puede añadir una capa adicional. Ésta señala a este gobierno como muy cercano, representante o integrante de algunos de los sectores económicos que se han visto beneficiados con lo sucedido en las últimas semanas (los bancos de inversión han ganado un 20% en dólares con lo sucedido en las últimas semanas). 

En este segundo escenario el gobierno habría actuado tras bambalinas para profundizar la devaluación ya sea en busca de objetivos de política, generar condiciones que permitan ajustar más allá de lo que resultaba políticamente posible en el escenario previo, ya sea para apoyar la extracción rápida de rentas para los sectores económicos de los que formaría parte. 

Hay que anotar que ninguno de los escenarios aquí presentados se contradicen entre si y resulta probable que lo sucedido sea, en dosis que desconoce este autor, una combinación de todos ellos.

La llamada de última hora al Fondo Monetario Internacional no es una medida que carezca de costos. Costo por el lado político, baja en la aprobación ciudadana a la gestión, argumentos que puede movilizar públicamente la oposición. Finalmente, por lo sucedido en los últimos 50 años y especialmente las medidas que llevaron a la crisis del 2001, el Fondo Monetario es una mala palabra. 

Por el lado de la economía, hay que ver cuales serán los condicionamientos que solicitará el Fondo a cambio de los recursos ofrecidos. Como ha sido repetido en varias notas periodísticas, el crédito Stand By solicitado por la Argentina viene acompañado por metas a cumplir definidas por los funcionarios del Fondo. Entre estas últimas se han mencionado, la reducción de los fondos destinados a las jubilaciones, reducción de empleados en el sector público, una mayor devaluación del peso. Todas estas metas no solo amenazan con enfriar aún más la débil economía del platense y reducir los ingresos de sus ciudadanos; sino que complican el escenario político.

Lo complican por un lado porque ya sea en un escenario donde el mercado internacional no otorgue los recursos necesarios, o ya sea que los requerimientos del Fondo para otorgar los recursos supongan un sobre ajuste, el pacto implícito entre el gobierno y el pueblo argentino se quiebre. La última vez que eso le sucedió a un presidente no peronista, su gobierno terminó entre muertos y escapes por vía aérea.

Por otro lado, una segunda complicación política se expresaría en el deterioro de las aspiraciones reeleccionistas de Mauricio Macri para una fecha tan cercana como el 2019. Obviamente esto abriría un espacio para el regreso del peronismo, la bête noire argentina para los sectores electorales y empresariales más cercanos al actual gobierno. Regreso que podría darse ya sea bajo la forma de Cristina Fernández o de quien triunfe en esos Juegos del Hambre que son la disputa por alcanzar el liderazgo de ese espacio. político.

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