La coyuntura crítica actual y las oportunidades perdidas

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Por: 

Félix Jimenez

Nuestro país, como ya argumenté en artículos anteriores, se encuentra nuevamente en una «coyuntura crítica».Por un lado, hay evidencia acerca del agotamiento del modelo neoliberal primario exportador y, por otro, también hay evidencia de una crisis de la institucionalidad de la democracia. La desaceleración del crecimiento del PBI y del empleo urbano en empresas de 10 o más trabajadores, y las restricciones estructurales para reactivar y sostener el crecimiento en el actual contexto internacional, junto a las prácticas corruptas en el ejercicio de la función pública, la penetración del poder económico y político en los poderes del Estado, y la presencia de oligarquías políticas que alejan cada vez más a la ciudadanía de sus representantes, están configurando procesos sociales y políticos, ciertamente contradictorios, que pueden generar transformaciones más o menos profundas de la economía y sociedad, o, como ya ocurrió en el pasado, que pueden frustrar estas transformaciones y perpetuar el dominio de las oligarquías políticas y económicas, renovadas o remozadas.

Las coyunturas críticas son momentos decisivos en los que aparece como oportunidad la posibilidad de abolir la «ley de hierro de la oligarquía», es decir, el gobierno de una minoría conservadora, cuya composición puede mutar en el tiempo, pero que, como señala su autor Robert Michel, busca expandir y mantener su poder «a cualquier precio, incluso abjurando de su principios e ideales primigenios». La «ley de hierro de la oligarquía» no es exclusiva de las autocracias, pues también se da, como en el caso de nuestro país, en las democracias, donde operan organizaciones y partidos políticos también oligárquicos. Estas oligarquías partidarias usan sus organizaciones para para llegar al núcleo del poder y usufructuarlo de acuerdo a sus intereses particulares. En consecuencia, las oligarquías políticas dañan la democracia porque practican el clientelismo, favorecen la existencia de caudillos y bloquean el desarrollo de la ciudadanía.

LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS
En los últimos cincuenta años, el Perú ha pasado por varias coyunturas críticas. Todas fueron aprovechadas por las fuerzas conservadoras para bloquear las posibilidades de transformación social, política y económica. Mencionemos solo tres de ellas.

La primera ocurrió en la segunda mitad de la década de 1950, década que termina con la crisis económica de 1958-1959. De esa coyuntura surge el movimiento político, nacionalista y progresista, liderado por Belaunde Terry que, elegido democráticamente, gobierna el país de 1963 a 1968.

En 1959 se había promulgado la ley de industrialización y el gobierno de Belaunde adoptó las banderas de la integración nacional, la reforma agraria y la diversificación productiva.

Este proyecto transformador fue bloqueado por una fuerza política retardataria desde el Congreso de la república: la llamada coalición APRA-UNO, es decir, una amalgama del partido del dictador Odría y el aprismo convertido ya en una fuerza retardataria.

La segunda ocurre durante la «catástrofe económica» provocada por el primer gobierno aprista de Alan García. Las fuerzas progresistas y de izquierda, divididas, hacen posible el triunfo de Alberto Fujimori.

Este traiciona rápidamente sus ofertas electorales, sumándose al coro del neoliberalismo que recorre, patrocinado por el FMI y el Banco Mundial, toda la América Latina. Con las fuerzas progresistas y de izquierda, divididas y algunas expulsadas del poder, luego de un golpe de Estado, Alberto Fujimori convertido en caudillo y coludido con el poder económico, sigue un régimen de «neoliberalismo de Estado», y entroniza, como lo hizo Alan García, la corrupción como forma de gobierno. En una década de «fujimorato», la economía creció solo durante cuatro años.

La tercera coyuntura crítica ocurre durante 1998-2001 y se inicia con los efectos en la economía interna de la crisis asiática y rusa. Son años de lucha política de todas las fuerzas progresistas y de izquierda que hace posible la elección democrática de Alejandro Toledo, después de un breve gobierno de transición todavía dominado por el libreto económico neoliberal. Las oligarquías se recomponen y reubican en el núcleo del poder.

Las fuerzas progresistas y de izquierda dejan «solos» a los profesionales que desde el BCR y el MEF hicieron reformas para, desde la política macroeconómica, iniciar el cambio del modelo de crecimiento económico neoliberal.

Toledo, quien hizo poco para impedir la penetración neoliberal en su gobierno, fue sustituido, mediante elección democrática, por Alan García, quien inicia su segundo gobierno desandando lo poco que se había avanzado por la ruta de la soberanía nacional y del progreso social. Otra vez el aprismo reaccionario bloquea el cambio, ahora con su modernización neocolonial del «perro del hortelano».

Alan García tuvo suerte en su segundo gobierno. La economía creció en piloto automático con un entorno externo sumamente favorable. García, que también hizo de la corrupción una forma de gobierno, solo se dedicó a concesionar el territorio nacional a las inversiones extranjeras dirigidas a la explotación de los recursos naturales. Respetó escrupulosamente el libreto neoliberal: nombró en el MEF y el BCR a profesionales afines con ese libreto. El presidente del BCR designado por García sigue en el cargo hasta ahora y su viceministro, que fue ungido ministro por Humala, renunció recién hace un año. Humala siguió fielmente el libreto neoliberal y la política del «perro del hortelado».

A MODO DE CONCLUSIÓN
Ni durante el gobierno de García ni en el de Humala, que aún no termina, las organizaciones progresistas y de izquierda se reagruparon y fortalecieron, para enfrentar exitosamente las elecciones. Las peleas entre las cúpulas de las actuales dos organizaciones, Únete y Frente Amplio, con responsabilidades compartidas, puede ahora ser la causa de una nueva frustración de nuestro pueblo. Existe, entonces, el peligro de que la «ley de hierro de la oligarquía» continúe en nuestro país.

Publicado en El Diario Uno. 06 de setiembre 2015

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