El vuelo de Verónika

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Por: 

Francisco Durand

El último gran evento de las elecciones 2016 no fueron los debates presidenciales. No, fueron las movilizaciones callejeras convocadas por los colectivos y las zonales donde tiene una mayor presencia la izquierda y los sectores progresistas. Organizar marchas en poco tiempo y juntar a  más de 50,000 personas en Lima, y varios miles más en provincias, no es poca cosa. Este último gran acto,  trasladó el eje de la política de la urna a la calle. Y la calle habló, dándole un impulso a una alicaída campaña de PPK, destacando claramente en medio de este evento la figura de Verónika Mendoza. ¿Qué futuro le depara luego de esta destacada actuación?

DERECHA PREOCUPADA
Dado el curso de los acontecimientos, la derecha está alarmada. Le preocupa sobremanera la guerra verbal entre KF y PPK y los muchos compromisos asumidos por este último candidato, el representante del capitalismo democrático-liberal. Al mismo tiempo, está asustada por el vuelo político que viene teniendo Verónika.  Veamos qué dicen sus voceros.  

Víctor Andrés Ponce titula su columna del 7 de junio de Peru21 “Un país partido en dos”. Afirma que PPK y KF deben pactar, y muestra sus cartas, opinando que el fujimorismo “deberá convertirse en el soporte de la gobernabilidad sin dejarle el espacio a la izquierda en el liderazgo de la oposición”. Por su parte,  Aldo Mariátegui en su columna del lunes 6 en Peru21 sostiene que “hubiera preferido un millón de veces que cualquiera de los dos postulantes hubiera ganado ampliamente” debido a que el empate dificulta esa “gobernabilidad” conservadora que tanto desea. Se queja al día siguiente de los “acuerdos vinculantes” firmados por PPK con diversas organizaciones sociales, y reconoce que la izquierda es, estratégicamente hablando, “la gran ganadora de las elecciones del domingo”.
 
LA VERO
Revisemos la trayectoria de Verónika para poner en perspectiva las preocupaciones y sustos de la derecha  y las oportunidades que se le abren al Frente Amplio. En poco menos de 8 meses, desde que empezó la campaña de los partidos y frentes para organizar las  “primarias”,  Verónika sorprendió ganando limpiamente la nominación a la presidencia del Frente Amplio, a pesar de representar tan solo una pequeña organización llamada Sembrar. 

Luego vino la campaña presidencial. Empezó bajo, pocos la conocían y a las justas llegaba a tener un 1% de preferencias en las primeras encuestas. Pero fue subiendo gradualmente, hasta hacerse notar, llegando al 2%, luego al 4% hacia febrero. La derecha ni se ocupaba de ella. Estaba feliz con sus múltiples candidatos y segura que sus arcas llenas y las influencias mediáticas podían direccionar la elección para tener otro defensor más del status quo. No tenían de qué preocuparse. Hasta que la ONPE sacó del camino a Guzmán de Todos por el Perú, y Acuña de Alianza para el Progreso, por violación de normas electorales. Entonces Verónika y el Frente Amplio comenzaron a crecer con más fuerza.  En ese momento la derecha afirmó que fue debido a ese retiro que aumentaron sus preferencias. Olvidaban que no se sube en una elección porque otros salen de carrera a no ser que se tenga un candidato con capacidades y virtudes. De pronto Verónika pasó al segundo lugar. Esta vez se espantaron cuando llegó a superar por algunos puntos a PPK, uno de los favoritos del sistema.

Entonces sacaron las armas. Comenzó la campaña mediática de Cecilia Valenzuela y el grupo El Comercio, intentando complicarla con supuestas firmas en las agendas de Nadine Heredia. Se trataba más de una patraña que de un argumento. Algún efecto surtió, lo que combinado con sus escasos recursos, hizo que Verónika no llegara a la recta final. El escándalo de los Panama Papers y la carta de recomendación de PPK a un usuario asiduo de offshores fue manejado, a pesar de las evidencias, como un hecho anecdótico. Sin embargo, gracias a los ataques Verónika ganó notoriedad. Se estaba convirtiendo en una figura nacional, conocida, incluso en zonas alejadas.

Llegó entonces el debate antes de la primera vuelta del 10 de abril. Verónika mostró una serena firmeza, planteando con altura las ideas centrales de su Plan de Gobierno, no sin antes empezar con un breve saludo en quechua que descolocó a la derecha monolingüe. El día de la primera vuelta quedó confirmado que, a pesar que dos candidatos de derecha, uno planteando un modelo capitalista liberal (PPK), y otro defendiendo uno capitalista autoritario (KF), se disputarían la segunda vuelta, Verónika y el Frente Amplio se habían convertido en un nuevo fenómeno político y eran la segunda fuerza parlamentaria. 

ANTIFUJIMORISMO
Durante la campaña, el rostro oscuro del fujimorismo, el lado fascista y manipulador, comenzó a emerger lentamente, apagando la imagen renovadora de la joven y sonriente candidata de Fuerza Popular.  Ello despertó los reflejos antiautoritarios, empezando con el enfrentamiento en el aeropuerto de Arequipa, donde un agresivo Joaquín Ramírez, número dos del partido, emergió como una figura matonesca. La agresividad del fujimorismo oficial, y la acusación de “terroristas”, comenzó a mostrar la verdadera cara de esta agrupación.
 
Luego de la primera vuelta, el fujimorismo, a pesar de haber obtenido un tercio de los votos, y gracias a la valla electoral y la cifra repartidora, se agrandó peligrosamente al obtener 73 de 130 escaños generando más alergias a las fuerzas democráticas. El fujimorismo había logrado pleno control del Legislativo, y si además ganaba la presidencia, lograría una extrema concentración de poderes.
 
El miedo y el rechazo a esta posibilidad originó que diversos colectivos y personalidades  independientes, también el Frente Amplio, se activaran en torno a la campaña No a Keiko y organizaran una primera marcha nacional. Al fujimorismo se le rechazaba en las calles.

La revelación de investigaciones de la DEA que involucraban nada menos que a Joaquín Ramírez,  mecenas y altísimo dirigente del partido, convertido en la sombra de Keiko, hizo subir las alarmas en los predios antifujimoristas. La demora en separarlo de su entorno, la torpe defensa que hizo el empresario agroexportador José Chlimper (grupo Agrokasa), agravada con la difusión de Canal 5, antiguo canal de la mafia fujimontesinista, que se prestó a difundir un audio manipulado que buscaba dañar la reputación del denunciante de Ramírez en Miami agravó las cosas.
 
Es en ese momento, ya faltando pocos días para la elección del 5 de junio, se fragua una segunda y más impresionante marcha pacífica que convoca a más de 50,000 personas en Lima, a las que se suman sus respectivas réplicas en provincias. En esta última y crucial semana, Verónika dejó a un lado la ambigua postura de oponerse a KF y “votar contra el narco Estado”, sin afirmar su apoyo a PPK,  para sumarse explícitamente a votar por él para cerrarle el paso al fujimorismo y romper el empate. 

NUEVA FIGURA
Estos acontecimientos han convertido a Verónika en la figura principal de la izquierda, en el centro en torno al cual giran las posibilidades políticas del Frente Amplio, y muchas otras más que se sumaron a su candidatura. Durante la campaña, el Frente Amplio ha dejado de ser una suma de 6 organizaciones hegemonizadas por Tierra y Libertad. Ahora se identifica más con la figura de Verónika y puede acoger a muchas organizaciones y personalidades. 

El vuelo de Verónika Mendoza ha sido notable. Pero no ha terminado. En realidad, recién comienza. La cuestión que debe enfrentar es si se anima a volar a tiempo, cuando el viento todavía flota a su favor, o esperar a que otros actores definan el futuro del Frente Amplio y la saquen del camino. El problema, como siempre, son las divisiones de la izquierda. No falta quienes se oponen a su liderazgo en silencio y buscan impedir que Verónika pase de candidata a dirigente, división que también afectaría a la bancada. De ser así, el Frente Amplio puede convertirse en poco tiempo en el Frente Estrecho. 

Lo que pase con la bancada será un indicador si predominan las tendencias unitarias o no. El otro indicador, más importante todavía, es si el Frente Amplio se renueva siguiendo el modelo uruguayo. Es decir, ampliándolo con decenas de organizaciones que coordinan democráticamente sus acciones en la arena política bajo el liderazgo de la persona que el pueblo reconoce como su principal figura. Hoy esa persona no es otra que Verónika Mendoza.  

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