El debate sobre la CONFIEP

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Por: 

Francisco Durand

El apoyo por parte de la poderosa confederación empresarial CONFIEP al golpe parlamentario orquestado por Pedro Olaechea y Mercedes Aráoz ha generado un saludable debate nacional. La CONFIEP ya no opera en la sombra. Tiene varios reflectores encima. Más importante todavía, cientos de miles de peruanos vienen discutiendo su rol conspirativo.
Vizcarra, los sindicatos, varios partidos políticos, sobre todo los de izquierda, analistas de opinión de distintas vertientes, y cientos de miles de internautas, comentaron el desafortunado comunicado de apoyo a Mercedes Araoz. Como en 1992, CONFIEP fue el único gremio que apoyó el golpe de Fujimori y salió beneficiada. A diferencia de 1992, esta vez perdió y tuvo que acomodarse con la presidencia de Vizcarra. Podría resultarle costoso. 

Uno. Ha quedado al descubierto. CONFIEP es un gremio altamente representativo solo de un grupo cada vez más reducido de grandes empresas. Tiene 21 miembros, pero quienes mandan son realmente los banqueros y mineros. En sus orígenes, representó a muchos más gremios y hasta a la pequeña empresa. Hoy no. En los 90s renunciaron la Sociedad Nacional de Industrias, la Cámara de Comercio de Lima y ADEX y se fueron los pequeños empresarios. CONFIEP solo representa a la cúpula del sector privado no al sector privado en su conjunto. 

Dos, aunque internamente hay divisiones de tamaño en el empresariado, que se reflejan en estos problemas de membresía y representación, también hay divisiones ideológicas. Existe un ala autoritaria hegemónica y visible, y una liberal, débil y poco visible, o en todo caso, muda. Si no aparece con fuerza una posición alternativa, van a aislarse más. 
Tres, CONFIEP ha apoyado la corrupción empresarial de la construcción. CAPECO es uno de sus miembros. En la crisis argumentaba que “primero es el crecimiento”, que las investigaciones “frenan las inversiones”. Estas posiciones las ha voceado la dupla Olaechea-Araoz y fueron apoyados por el aprofujimorismo para mantener en vida a la mafia jurídica. No quiere reformas de justicia. Sus estudios de abogados (el de Arsenio Ore, especialista en “conflicto de intereses”) están cuestionados.

En fin, al mostrarse como parte de la conspiración y la corrupción, ha sufrido una fuerte baja reputacional. CONFIEP debe estar ordenando las encuestas de Ipsos para medir la temperatura y pronto harán una ofensiva propagandística, aprestándose al mismo tiempo a financiar partidos y candidaturas para este Congreso. Lo primero tendrá poco impacto, lo segundo, mucho. Cuidado, los pueden comprar o de repente no. El nuevo Congreso puede introducir reformas políticas y económicas (régimen minero, cambio de los artículos 61 y 63). El 61 permite la hiperconcentración, no la previene, y aunque prohíbe monopolios debería incluir un criterio o abrir el camino para poner topes de dominio del mercado. El artículo 63 pone en igualdad de condiciones al capital extranjero (más fuerte) con el capital nacional, lo que impide desarrollar políticas promocionales a pequeños y medianos empresarios. El Estado debe dejar de ser subsidiario: los agricultores nacionales requieren a gritos un Banco Agrario. A todas estas reformas la CONFIEP le tiene pánico. Esta vez, a diferencia de 1993, no están con la fuerza como para volver a redactar el Régimen Económico.

Dado que vamos a revisar las leyes y la constitución, ya es hora de que las consultas no sean exclusivamente con la CONFIEP sino inclusivas. El cambio debe empezar por Vizcarra, reuniéndose con los distintos gremios empresariales de Lima y las regiones. ¿Se atreverá?

 

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