Dopaje en el deporte y sus impactos geopolíticos

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Por: 

Ricardo Soberón

“Mens sana in corpore sano” reza el viejo aforisma latino que constituye el centro de la actividad deportiva mundial, incluido el período olímpico iniciado en 1899. Hasta que apareció el profesionalismo, los intereses económicos y el apetito de lucro entre deportistas, corporaciones y la masa de aficionados, que han convertido la distinta actividad deportiva en un enorme negocio de medios, sponsors, contrataciones, como lo atestiguan los mercados de fútbol, box, tenis, golf y otros. A ello se suman los intereses de los conglomerados farmacéuticos, interesados en promover o eliminar el acceso de un determinado productos en los mercados de la salud. La influencia de la política en el deporte en general puede ser de diversa índole. Se define en la determinación de listas de sustancias prohibidas, en la aplicación de los protocolos y procedimientos, los mismos que son sujetos de influencias ajenas a la esfera estrictamente deportiva. Incluso, el establecimiento de una Convención Internacional contra el Dopaje en el Deporte impulsada por la UNESCO, y la creación de agencias especializadas como la WADA, no garantizan la neutralidad absoluta y la existencia de estas presiones.

La situación  se ha tornado más compleja cuando el deporte se convierte en un instrumento de acción político diplomática, en el contexto internacional. Distintos episodios muestran que la actividad deportiva ha sido usada en dos direcciones. Tanto para acercar a las naciones, como ocurrió con el campeonato de tenis de mesa previo a la visita de Nixon a China Popular, en 1972, o en postulaciones colectivas para realizar eventos de escala mundial, o las representaciones colectivas como ocurre con las dos Coreas. 

Pero también han sido utilizados para atacar a un determinado país, como ha ocurrido en los casos de la ex Unión Soviética, durante la guerra fría. Incluso, diversos eventos deportivos de escala global han sido utilizados como medios de protesta de espontáneos que pertenecen a diversos colectivos deportivos. Desde, la recordada guerra del fútbol entre Honduras y El Salvador en 1969, pasando por el atentado de Munich contra la delegación olímpica israelí de 1972, el embargo y bloqueo de las Olimpiadas de Moscú 1980, muchas cosas han ocurrido que demuestran que el deporte olímpico se ha convertido también en un instrumento de política exterior. Los enfrentamientos de box y beisbol entre delegaciones de EE.UU y Cuba, la conversión de atletas de ex repúblicas del Pacto de Varsovia, son una muestra de ello. En la actualidad, la constante migración demográfica y las nacionalizaciones, han servido para definir la representación deportiva de un determinado país.

Los casos más sonados son los de Maradona en 1994, el ciclista Lance Armstrong, los atletas Marion Jones y Ben Johnson. El Perú no ha sido ajeno a estas circunstancias, con o sin la voluntad de los atletas. Ahora que estamos ad portas de los Juegos Panamericanos y los casos de Guerrero, Gladys Tejeda el nadador Fiol, y otros, han mellado nuestro deporte. Ahora, se suman los fuertes intereses que protegen empresas privadas como ocurrió con un conocido hotel limeño que se atrevió a presionar a los testigos de la contaminación ocurrida en el caso de Guerrero. En definitiva, debemos estar atentos a estos hechos, y reforzar el criterio original de salvaguardar principios fundamentales de equidad, buena fe y transparencia en resguardo de principios fundamentales de la actividad deportiva.

 

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