Desigualdad, precariedad y la candidatura socialista de Bernie Sanders

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Por: 

Gerardo Rénique, City University of New York

La campaña presidencial del senador Bernard (Bernie) Sanders constituye un hecho sin precedentes en la política estadounidense. Nunca antes en la historia electoral de este país un candidato en las primarias del Partido Demócrata lanzo su campaña con un llamado a una “revolución política” ni atacó directamente a la “clase de los billonarios”, ni mucho menos se declaró como un “socialista democrático.” Sanders es también el primer candidato en haber rechazado contribuciones de grupos de interés y que financia enteramente su campaña con contribuciones personales de ciudadanos comunes y corrientes. Más sorprendente aún fue su reciente virtual empate en la elección primaria del estado de Iowa con nada menos que Hillary Clinton, la ex Secretaria de Estado proclamada por los medios y las elites partidarias demócratas como la candidata “natural” del Partido Demócrata. Detrás de Clinton por más de cuarenta puntos al inicio de la campaña en la primaria de Iowa se coloca a escasas tres décimas de esta. En la próxima primaria de New Hampshire Sanders tiene un cómodo margen de veinte puntos sobre Clinton y a nivel nacional se encuentran en cerrada competencia.
 
Con 75 años de edad Sanders es el candidato más viejo en competir por la presidencia. Nacido en Brooklyn en un hogar de inmigrantes polacos judíos, Sanders se inició en la política como organizador estudiantil en la lucha por los derechos civiles afro-americanos. Identificado con la izquierda participó activamente en los fallidos esfuerzos por crear un tercer gran partido que representara los intereses  de los trabajadores. Como candidato independiente ha sido elegido alcalde de Burlington, la capital de Vermont, congresista por 8 periodos consecutivos y como senador desde el 2006.  A lo largo de su carrera política Sanders ha mantenido una posición firme en defensa de los intereses de los trabajadores, en contra de los grandes intereses monopólicos, en defensa del medio ambiente, en contra de los programas de austeridad y a favor de la expansión del estado de bienestar.  Mientras que las elites partidarias consideran a Sanders inelegible por su identificación “socialista” la exitosa recepción de su mensaje y sobre todo la simpatía hacia el “socialismo” entre votantes demócratas prueban lo contrario.

En una reciente encuesta de la agencia Bloomberg el 43% de los votantes demócratas en la primaria de Iowa se definieron como “socialistas.” Un estudio de opinión más detallado de fines de diciembre del 2011 señala que 49% de los individuos de la llamada “generación del milenio” (entre 18 y 29 años) tienen una visión favorable del socialismo mientras que 47% guardan una opinión desfavorable del capitalismo. Opiniones alimentadas por las sospecha y desconfianza generadas por el comportamiento cómplice de la clase política con los grandes banqueros durante la crisis financiera del 2008 amplificadas por el movimiento Occupy Wall Street de Septiembre-Noviembre del 2011.
 
En un país visceralmente anticomunista las promesas de Sanders de desmantelar los grandes bancos; aumentar los impuestos a las grandes corporaciones y a los millonarios; establecer un servicio universal de salud y de cuidado de niños; elevar el salario mínimo a $15 la hora; establecer la gratuidad de la enseñanza universitaria; expandir los servicios sociales; reformar el proceso electoral; invertir un trillón de dólares en infraestructura, la reforma del proceso electoral han encontrado entusiasta acogida entre amplios sectores juveniles, de las clases trabajadoras y de sectores medios para quienes la realidad del “sueño americano” ha sido reemplazado por una desigualdad extrema, precariedad generalizada e incertidumbre ante un futuro igualmente incierto. 
 
Considerada como la más importante movilización de votantes de bajo ingreso en apoyo de un candidato demócrata en más de una generación, esta insurgencia política se gestó durante las casi cuatro décadas de estancamiento de los ingresos de la clase trabajadora y sectores medios, así como la desigualdad galopante sobre las que se erigió la llamada segunda Edad Dorada del capitalismo estadounidense. Durante este tiempo el 0.1 % de  los hogares más ricos lograron controlar casi un cuarto de toda la riqueza del país. Una riqueza mayor que la del 90% de los hogares de menor ingreso. Sorteada la crisis el 2013 los ingresos de un ejecutivo (CEO) fueron equivalentes al ingreso promedio de 296 trabajadores asalariados. El billonario rescate gubernamental a bancos e instituciones financieras –en realidad una subvención gubernamental- para sacarlos del atolladero de su propia creación aumento la desconfianza e indignación ciudadanas hacia las elites políticas y corporativas. El apoyo del Partido Demócrata a esta medida consolidó la alianza de la jerarquía partidaria con los intereses de Wall Street.
 
Si bien el modesto crecimiento del PNB y la tibia recuperación económica del 2011 a la fecha han reducido el desempleo al 4.9% -la cifra más baja en los últimos ocho años- los salarios se han mantenido estancados y nuevos empleos son de baja calidad. El desempleo sin embargo es mucho más elevado entre los jóvenes (19.5%) afectando sobre todo a afro-americanos e hispanos. Más de la mitad de los 8 millones de desempleados tienen entre 16 y 34 años de edad. El desempleo y subempleo también han aumentado dramáticamente entre los estudiantes con estudios universitarios. Como si esto fuera poco aproximadamente 70% de los jóvenes egresados de la universidad lo hacen con una deuda promedio de $29,000. En total la deuda estudiantil acumulada sobrepasa el trillón de dólares. Una cifra superior a la deuda hipotecaria que desató la crisis financiera del 2008. Una potencial crisis en ciernes que alimenta a la vez la incertidumbre y descontento de una juventud que caracterizada por el sociólogo británico Owen Jones como el precariato representa la condición trabajadora “normal” en la era de la globalización y el neoliberalismo. Es entre este sector donde Sanders ha encontrado su más entusiasta base de apoyo.  Según las encuestas a pie de urna de la cadena de televisión NBC realizadas el día de la primaria de Iowa, 84% de los votantes menores de 30 años y 58% de los votantes entre 30 y 44 años votaron por el “tío Bernie.” Sanders también supero a Clinton por cerca de 10 puntos entre los votantes de bajos ingresos.
 
El mayor obstáculo a la campaña de Sanders proviene empero de la jerarquía del partido demócrata temerosa que su insurgencia electoral empuje al Partido Demócrata a asumir posiciones políticas acordes con las necesidades y aspiraciones de las grandes mayorías. A pesar de ser el primer candidato demócrata en una generación de haber logrado la más multitudinaria movilización electoral de jóvenes, trabajadores y personas de bajos ingresos en una generación, Sanders no cuenta con el apoyo de la maquinaria partidaria. En una situación semejante a la que enfrenta Jeremy Corbyn en el Reino Unido, Sanders tiene por delante una ardua doble batalla contra la derecha Republicana y contra la jerarquía partidaria que abrumadoramente se ha agrupado detrás de la candidatura de Hillary Clinton. La candidata que no explica porque recibió un pago de más de $ 600,000 de Goldman and Sachs por tres charlas mientras niega tener lazos con Wall Street.

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