El empresario más poderoso

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Por: 

Francisco Durand

La Encuesta del Poder 2019 muestra resultados interesantes, aunque no sorprendentes, siendo algunos cuestionables. No me refiero a los políticos “más poderosos” de la lista de 30, empezando por Vizcarra (puesto 1) hasta llegar a Verónika Mendoza (puesto 30), sino al segundo escalón debajo de los grandes políticos,  donde tenemos a tres grandes empresarios: el minero Roque Benavides Ganoza, seguido de cerca por los banqueros Carlos Rodríguez-Pastor (Intercorp) y Dionisio Romero Paoletti (Credicorp). 

Aquí estamos, y esto es algo que muchos politólogos tienen que aprender a reconocer, que estamos frente al poder detrás del trono, realidad que no debemos ignorar o minimizar. Más aun cuando, mientras los políticos cambian, los grandes empresarios quedan, otra lección que los colegas de Ciencia Política deberían considerar para mejorar sus comentarios y brindar miradas mas amplias. 

Empecemos comentando algunos cambios en los rankings y terminemos preguntando quién es el empresario “más poderoso”, categoría que en este caso refleja no solo mucho dinero, propiedades, y empresas nacionales y extranjeras lideradas por corporaciones, sino también el liderazgo de sus jefes. 

De los tres superjefes que menciona la encuesta, cabe remarcar algo que he sostenido antes. En la economía peruana privada y oligopolizada mandan dos segmentos: los mineros (poder extractivo-exportador que predomina en provincias) y los banqueros (que manejan conglomerados con inversiones diversificadas que manejan desde Lima). El resto cuenta menos.

Los cambios de percepciones a lo largo del tiempo ocurren como resultado no solo de que algunos acumulan más miles de millones de dólares en sus actividades respectivas con sus decenas de empresas, sino en la capacidad de comando personal. Este factor es importante cuando se trata de un poder empresarial que pasa de una generación a otra. En los tres casos, tenemos conglomerados formados por sus padres (Benavides y Rodríguez-Pastor) o manejados por más de una generación (Romero). Aquí es donde discrepamos de la Encuesta del Poder 2019, que coloca en el primer puesto a Benavides Ganoza.

Empecemos por el grupo Romero. La presencia y reputación de Romero Paoletti, como lo registran anteriores Encuestas del Poder, ha venido descendiendo progresivamente, pasando del primer lugar al tercero. Esta percepción de los “lideres de opinión” que respondieron (entre los cuales se encuentra el que escribe), es correcta. 

Aunque Credicorp (además de Alicorp, Ransa, grupo Palmas y otros sub conglomerados del grupo Romero) sigue siendo el primer banco, este poder no se corresponde ahora con las percepciones que siempre se tuvieron desde que se iniciaron a fines de los 1980 estas encuestas por el lustre que tenía Dionisio Romero Seminario, su legendario padre, que se mantuvo por mas de 20 anos en el primer lugar. Otros factores intervienen, sobre todo por el hecho que en realidad Credicorp, si vemos a la estructura propietaria, es hoy un banco extranjero. Los Romero lo manejan, pero no es suyo. “Dioni” puede salir en cualquier momento, como ha sucedido ya con “Pepe” Graña Miroquesada del grupo constructor G y M. Además, viendo el grupo Romero en su conjunto, constatamos que el heredero heredó las propiedades y la conducción de sus conglomerados (los grupos de poder hoy son organizaciones multiconglomerados) pero, debido a su personalidad y a diferencia de su otrora poderoso padre (en el primer lugar para décadas), no ejerce ni intenta ejercer un liderazgo entre los grandes empresarios, menos del país. Ergo, Romero Paoletti se encuentra merecidamente en el tercer puesto.  

¿Quien entonces, cumple con un rol de liderazgo e influencia, de manejo de las riendas del poder que les permita instruir o influir a los políticos aves de paso y los lideres de nuestro económicamente domesticado Congreso? ¿Es el minero Benavides Ganoza o el banquero Rodríguez-Pastor? 

Me inclino por Rodríguez-Pastor, aunque concuerdo que, en términos de percepciones superficiales, Benavides destaca (un tanto artificialmente) como el empresario “más poderoso”. Opino así debido a la importancia que tienen sus intereses como principal defensor del “Perú Minero”, por haber sido dos veces (1999-2000) y 2018-2019) presidente del poderoso sindicato de mineros y banqueros llamado CONFIEP, además de pre-candidato presidencial y autor de un libro sobre su tío Víctor Raúl Haya de la Torre (su madre era dueña de la Quinta Mercedes, donde vivió hasta su muerte). Se trata de un personaje mas público y sin miedo a las cámaras (caso de Romero Paoletti y Rodríguez-Pastor) ni a la política (caso del cauto Romero Paoletti). 

Benavides hace una defensa cerrada y hasta ahora efectiva de los intereses mineros gracias a sus evidentes y antiguas conexiones con el aprismo y el fujimorismo, logrando mantener (hasta ahora) el anticuado sistema de promoción de inversiones sin mayor preocupación socio ambiental del país. Esta es una carga pesada pues los opositores que llaman “anti mineros” son cada día más fuertes y numerosos, sobretodo en provincias, que es de donde nacen los grandes movimientos sociales. Benavides por tanto representa el pasado minero y lo defiende cerradamente sin proponer alternativas. Además, su grupo es vulnerable económicamente a los vaivenes del mercado mundial de minerales. Aunque se ha diversificado con distintos metales y tiene decenas de yacimientos, mas que ningún otro grupo minero, tiene en realidad muchos huevos en una sola canasta. Debe estar, aparte de políticamente estresado, económicamente nervioso.

Rodríguez-Pastor, a pesar de que no concede entrevistas ni ejerce cargos gremiales, no es tan tímido políticamente. Anda particularmente atento al poder y, como su homólogo minero, busca influirlo y manejarlo, pero por otros medios y en otros campos. Ostenta una mayor inclinación a ser jugador de las grandes ligas, algo que no pasa desapercibido a pesar de sus intentos de anonimato, y por ello se le percibe como el segundo de la lista. Opera por varias vías, a veces a través de los CADE como dueño que es de IPAE, la entidad cuyo directorio decide todos los años los temas de la artificialmente publicitada conferencia empresarial de noviembre (invitan a decenas de periodistas, todo pagado, ninguno se sale del libreto). Solo en una ocasión, el 2013, poco después de la compra, Rodríguez-Pastor se lanzó a la tribuna, dando un discurso en CADE que lo convirtió en un representante de la modernidad empresarial-transnacional, coincidiendo con El Comercio, que lo declaró Empresario del Año. Este personaje opera también a través de terceros en la CONFIEP. Como se sabe, Rodríguez-Pastor tiene múltiples inversiones, donde destacan dos o tres que requieren estar atento a la política: la educación (universidades y colegios INNOVA) negocio moderno donde deben mantenerse a toda costa las exoneraciones al IGV y el Impuesto a la Renta, base de su alta rentabilidad; su oligopolio farmacéutico, manejado a través de In-Retail (Inkafarma y Mifarma); amén de su cadena de centros comerciales y franquicias y tiendas de diverso tipo a nivel nacional. 

Este monopolio a requiere una defensa política y mediática debido a las ventas inducidas de remedios artificialmente caros, temas que hoy comienza a producir titulares, justo en momentos que sigue trabada la Ley de Fusiones y Adquisiciones, y cuando la apocada INDECOPI mantiene su acostumbrado silencio como entidad capturada. 

Rodríguez-Pastor tiene además la ventaja de estar mucho mejor conectado con intereses internacionales financieros que Benavides, que finalmente son quienes predominan en la economía peruana y la mundial. Digamos que se trata de un intermediario mas poderoso de una economía transnacionalizada como la peruana, que es la tendencia presente y futura de nuestro capitalismo. Por otra parte, su fortuna ha crecido muy rápido, indicio de una agresividad y versatilidad empresarial que sus pares reconocen, siendo menos vulnerable que Benavides al shock externo negativo. A diferencia del minero Benavides, Rodríguez-Pastor no habla, pero tiene ventrílocuos, y es más agresivo en política, al mismo tiempo que tiene menos “antis”. Son estas razones las que me llevan a pensar que estamos frente al empresario “más poderoso”.

Los centros comerciales y multitud de franquicias de este nuevo grupo contratan mano de obra juvenil, donde sus empresas pueden elevar las ganancias con leyes como la Pulpín, de triste recordación (ahora como proyecto encarpetado versión 2), de la cual se sospecha este grupo sea el principal promotor. María Isabel León, la nueva presidenta de la CONFIEP, es una de sus gerentes y principal cara pública cuando se trata de defender los intereses de la educación con fines de lucro, además de repetir el sinsentido aquel que “las inversiones no pueden parar” (si pueden, sobre todo si el país necesita primero reformas y correctivos anticorrupción). Este banquero también tuvo presencia en el equipo Kuczynski vía su gerente y ministro Alfonso Grados (prestado por Interbank). 

Ahora bien, ninguno de estos grandes empresarios, ven mas allá de sus conglomerados y sus sectores, no deseando ejercer liderazgo nacional empresarial como antes lo hiciera por varias décadas Pedro Beltrán de la Sociedad Nacional Agraria. Cierto, la economía es ahora más diversificada e internacionalizada, a tal punto que van desapareciendo los grandes empresarios nacionales con control propietario mayoritario. 

En la medida que la gallina de los huevos de oro se encuentra en el Perú (siendo más difícil conseguir la misma tasa de ganancia en otros mercados por estar copados por sus respectivos grupos), siendo además un país manejado por gobiernos permisivos y parlamentos mansos en materia de política económica, uno se pregunta si le encuentran sentido a ejercer no solo una defensa de sus ingentes recursos e intereses, sino a una propuesta de un país que podrían, en el mejor de los casos, sentirlo suyo. 

En parte, esta condición de “estar como ausentes”, es resultado de procesos políticos que les han sido favorables desde 1990, cuando se funda la República Empresarial manejada indirectamente, de modo que otros, los mayordomos de Palacio y sus leales congresistas (previa financiación de campañas, les cuidan las espaldas, mientras el MEF (vía decretos) y el Congreso (donde apristas y fujimoristas) les aprueban casi sin chistar las leyes que en el fondo proponen o hasta diseñan sus estudios de abogados. Como se sabe, banqueros y mineros, quienes predominan en la CONFIEP han colonizado varios ministerios y entes reguladores (MEF y MEM, SBS, INDECOPI, entre otros). Sin embargo, debido a los últimos acontecimientos, que incluye la relativa independencia de Vizcarra al abandonar a su suerte a Tía María, y los intentos presidenciales de levantar el tema del precio de los medicamentos, ven ahora con creciente preocupación a este presidente malcriado, situación que refuerza su inclinación en el corto plazo por el bloque aprofujimorista y la presidencia de Araoz, y en el mediano plazo con cualquiera que se deje financiar y no represente una amenaza. La lista de presidenciables apoyados por banqueros y mineros, ligados a la CONFIEP es demasiado grande para mencionarla, pero es algo a tener en cuenta al analizar los comicios que se aproximan. Ni Benavides ni Rodríguez-Pastor son presidenciales ni se van a lanzar al ruedo, siguen necesitando a un empresario-político como Cilloniz (económicamente tiene poco peso), o una mayordomía en el Ejecutivo y el Legislativo. 

En suma, los buenos tiempos de grandes ganancias con tranquilidad política se están terminando. 

Lo que nos lleva a preguntarnos si estos grandes empresarios, los banqueros y mineros, pueden coexistir mañana con una democracia popular, un Estado soberano y otra Constitución. Hay que preguntarse también si la democracia los quiere como están, o si se deben limitar o terminar con sus privilegios e influencias e introducir políticas antimonopólicas. Esta cuestión de la coexistencia, posible convivencia, si la relación no es conflictiva, o enfrentamiento entre los empresarios super poderosos y los gobiernos y congresos de mañana la sabremos calibrar mejor en la próxima elección. Sea cuando fuere.

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