Un salvavidas urgente para no ahogarse en la corrupción

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Editorial

Los audios revelados por el portal IDL Reporteros, solo sacan a la luz un secreto a voces entre los ciudadanos, la clase política y los medios de comunicación: La corrupción y el tráfico de influencias están enquistados en el Poder Judicial, en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) y todo el sistema de administración de justicia, además que tenemos un Estado secuestrado por una mafia. 

Queda pendiente ver lo que ocurre en la sede del Cono Norte, lo que pasa en los juzgados de regiones y en el resto de salas judiciales en Lima, donde el negociado político y el intercambio de favores -nada éticos- parecen ser la moneda corriente en la administración de justicia.

Ante esta situación, donde están implicados el presidente de la Corte Superior del Callao, Walter Ríos, el juez César Hinostroza Pariachi y el consejero del CNM Julio Gutiérrez, entre otros personajes, cabe preguntarse ¿Qué tan infectado está el sistema de justicia?, ¿qué garantiza que los casos emblemáticos de corrupción sean procesados y sentenciados eficazmente por jueces y fiscales que están bajo sospecha?, ¿podemos confiar los peruanos en la búsqueda de una justicia verdadera?

Los audios donde se aprecian las negociaciones entre magistrados del Poder Judicial e integrantes del CNM que son quienes, precisamente, evalúan y ratifican a estos jueces nos dejan a los peruanos ante un panorama incierto: La corrupción -finalmente- ya tomó todas las instancias del país. 

Estamos frente a un Estado fallido (y fallado) donde la corrupción pública se da la mano con la corrupción de cuello y corbata, donde el fujiaprismo se consolida como el brazo político que interfiere en todas las instancias del país: colocando consejeros que escogen jueces “adecuados” para sus fines, donde malos empresarios promueven lobbys insanos para crear una legislación ad hoc a sus intereses. 

Un Estado capturado por un sistema neoliberal que desde hace 25 años ha mermado la democracia, con sus negociados, sus puertas giratorias, poniendo y sacando autoridades, congresistas afines a sus intereses, con medios de comunicación que actúan como escuderos y los protegen de cualquier denuncia de la prensa independiente. 

Un Estado que ha sido maniatado por una mafia que desde la caída de la dictadura fujimontesinista, no se ha podido terminar, sino que más bien se encuentra reacomodada, sin necesidad de estar agazapada, sino más bien mostrando su poderío, tal como lo hace en la ONPE o ahora en el CNM y el Poder Judicial, o amedrentando a medios como IDL-Reporteros. 

Si en el 2011 se intentó hacer algún cambio, este no fue permitido. El presidente de ese momento abdicó en sus intenciones, renunció a sus propuestas y dejó de lado sus promesas, siendo incapaz de enfrentarse a la mafia que hoy sigue tomando decisiones y gobernando nuestro país, sin importar quién esté al frente. 

Este momento, donde el sistema vuelve a mostrar su peor rostro, amparado en la impunidad y en el blindaje, es una nueva oportunidad para el llamado a la unidad. Una coalición en contra de la corrupción,  que incluya a los grupos políticos que quieren un cambio del esquema, empresarios fuera del sistema sucio que quieren hacer negocios limpiamente, con medios de comunicación que buscan revelar la verdad y lo más importante con todos los peruanos y peruanas que desean un mejor país, rumbo al bicentenario. 

En síntesis, debemos sumar aliados que busquen refundar el país. Una alianza que tenga como objetivo un adelanto de elecciones y una nueva Constitución que nos permita cambiar los destinos de nuestra Nación, de esta tierra llamada Perú. Que esa fuerza que nos unió para volver a un mundial de fútbol, no se apague y se mantenga para lograr un mejor país, sin corruptos y sin sus escuderos.

 

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