Al rey lo están desnudando en el Perú

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Por: 

Santiago Mariani (*)

La reciente renuncia a la cartera del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, que tenía a su cargo el vicepresidente Martín Vizcarra, es acaso otro casillero entre los varios que ya avanzó el fujimorismo en el mapa donde está desplegando el poder que detenta. Es una nueva pieza de ese rompecabezas variopinto que están construyendo con paciencia desde el 2001 después de haber quedado gravemente heridos, pero no muertos.

El asunto con Vizcarra representa otra zancadilla para el gobierno. La lista de golpes al tobillo la inauguraron con la designación del Defensor del Pueblo, siguieron con la imposición de un Director sin credenciales sólidas en el Banco Central de Reserva para después rematar con la censura del Ministro de Educación. Van por más y continuarán. Es parte de esa estrategia que, en esta etapa puntual, consiste esencialmente en sostener a PPK con respirador artificial hasta el final de su mandato. Es una pinza que se cierra sobre su persona y que va dejando al rey desnudo.

Para graficarlo de otro modo, el gobierno es un todo que los fujimoristas están cocinando a fuego lento por partes y los miembros de ese cuerpo están siendo fagocitados sin tregua. Se trata de una suerte de condena por anticipado con un presidente boxeando solo con su sombra mientras el poder se le escurre entre los dedos y las oportunidades políticas que aparecen van siendo desaprovechadas.

Los fujimoristas van a continuar por ese sendero hasta dejar a PPK como una figura decorativa e intrascendente. Mucho mejor para PPK, en términos políticos para su persona, pero muy dañino para el país, sería que lo removieran de su silla a la mala y de una vez para evitarle el destino como actor de reparto al que lo han condenado. Desde la comodidad que le daría “el dolor de ya no ser”, podría cómodamente señalar los atropellos a la República por parte de una mayoría facciosa. Denunciaría el regreso de un autoritarismo que interrumpió arbitrariamente el destino de grandeza que le aguardaba el Perú bajo la conducción del mejor alumno que supo dar la tecnocracia peruana en su historia reciente. Aunque seguirán jugando con fuego los fujimoristas, no incendiarán la pradera. PPK y su círculo van a tener entonces que remojar las barbas en las aguas de la política e ingeniar algo creativo para evitar el futuro que les espera. ¿Podrán torcer el rumbo?

El gobierno pareciera tener cierta dificultad para entender lo que está sucediendo. Los asesores recurren al clásico argumento de la comunicación. ¡Es un problema de comunicación, tenemos que tomar la iniciativa política comunicando más porque no comunicamos bien, la gente no sabe las cosas geniales que estamos haciendo!, le recitan de memoria al presidente sus asesores. La respuesta “comunicacional” que se les ocurrió se centra en convertir al presidente en la figura estelar de un programa de televisión. Parten de un diagnóstico errado e improvisan respuestas que solamente lo seguirán debilitando.

Es que no se le puede pedir peras al olmo. “La política no se aprende, se comprende”, advirtió unos de los políticos argentinos más importantes del siglo XX. Una máxima que parece esquiva para los círculos del gobierno liderados por un Primer Ministro que se declara como “no político” y que elogia su procedencia y rol como “técnico”. En esa orfandad política que se mueve el gobierno, un clásico del mundo antiguo como Plutarco diría que se van quedando solamente con la “potestas”, -el cargo formal- y tienen cada vez menos “auctoritas” –legitimación social-. “Son muchachos con mucho olor a perfume”, señalaría un curtido operador peronista bonaerense sobre los principales dirigentes del gobierno.

Es que deben creer algunos de ellos que el lugar donde están es un espacio reservado exclusivamente para técnicos entrenados en las mejores universidades y con experiencia en las empresas más grandes. Si ellos ya modelaron las respuestas que la sociedad necesita en las aulas y lograron hacer ganar mucho dinero a las empresas con las que se involucraron ¡¿Cómo no van a poder gobernar el Perú?! Se deben mirar al espejo cada mañana con orgullo por haber sacrificado los cuantiosos ingresos de las lucrativas actividades a las que renunciaron por brindar sus servicios al engrandecimiento de la Patria. Por esos caminos andan y con cada retroceso hacen llamados de atención en pulcros comunicados. Los opositores no se inmutan con estos golpes al aire porque saben que el poder no se declama, que se ejerce como ellos lo están ejerciendo.

Una “democracia con poder”, utilizando un concepto esgrimido por Raúl Alfonsín, es lo que deberían pensar en el gobierno como alternativa de salida a los dilemas y dificultades que enfrentan. Una democracia con poder, según el político argentino, es una democracia en la que el poder se lo transfiere el pueblo. En el caso peruano la democracia sigue siendo precaria y con baja legitimidad porque el pueblo no hace esa transferencia de poder a gobernantes que siente distantes de sus necesidades e intereses.  Esa distancia, que se traduce en un alto nivel de desconfianza hacia las principales instituciones, sigue siendo la cuestión central en la agenda política. Como dicen en el campo argentino esa es “la madre del borrego”.

El gobierno tendrá dificultades para recuperar la iniciativa y estará cada vez más debilitado si no se concentra en la dimensión política de la gobernabilidad. Desde allí podrían pensar los caminos para una democracia que articule libertad en equilibrio con justicia social. Están a tiempo. Todavía pueden intentar jugarse por sentar las bases de esa democracia que no ha visto la luz en el Perú pero que las mayorías esperan. Es un camino cargado de simbolismos en el cual, como dice el tango, van a tener que “rascar los tamangos” en esas calles que tienen todavía que caminar. Solo así vestirán al rey que los opositores están desnudando.

(*) Coordinador de la Maestría en Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
Publicado en uarm.edu.pe

 

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