¿Saltarse a la garrocha del mercado interno?

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Por: 

Humberto Campodónico

La estrategia de crecimiento liderado por las exportaciones para los “países emergentes” –como el Perú– tiene un supuesto de base muy claro. Como los mercados internos de nuestros países son aún muy pequeños comparados con aquellos de los países desarrollados, entonces hay que apuntar a exportar cada vez más productos a los mercados grandes. De esa manera, nos “saltamos” a la garrocha la pequeñez del mercado interno.
 
Esta estrategia exportadora es aquella que siguieron, desde principios de los 80, los países del sudeste asiático, principalmente Corea del Sur y Taiwán, así como las ciudades-estado de Singapur y Hong-Kong. Este exitoso camino fue seguido, pocos años más tarde, por la República Popular China, lo que también le ha producido logros notables.


 
Este planteamiento va a contramano de las llamadas “etapas del crecimiento” seguidas por los principales países europeos y Estados Unidos. Allí, la “revolución industrial” desarrolló primero los mercados internos, dándole una base sólida al crecimiento económico. Solo cuando la “estrechez del mercado interno” se reveló como una limitante seria al crecimiento, se planteó con fuerza la importancia de los mercados externos para colocar los excedentes de la producción nacional “sobrante”.
 
 La cuestión que se plantea, en el mundo globalizado de hoy, para los países emergentes con estrategia de crecimiento liderado por las exportaciones es la siguiente: ¿es posible crecer indefinidamente sin desarrollar el mercado interno?
 
 La primera pregunta hoy aqueja a China: su consumo interno es cercano al 40% del PBI, mientras que en los PI esa cifra llega al 65%. Lo contrario sucede con la inversión: en China ésta es del 45%, mientras que en los PI estamos hablando del 30 a 32%. Por varios años se dio un círculo virtuoso de crecimiento para China: entraba a todos los mercados del mundo (lo que fue facilitado por su acceso a la OMC en el 2001) con productos baratos debido a su alta productividad, bajos salarios y, no olvidarlo, un importante nivel de subsidios.
 
 Es por eso que, desde hace 3 a 4 años, la política económica china prioriza el mercado interno, sobre la base de inversiones en infraestructura, cambio tecnológico y aumento del consumo. Esto último es quizá lo más importante pues la hará cambiar de rumbo a la máquina exportadora. Pero la cosa no será fácil pues hay que enfrentar temas fiscales y, sobre todo, cambios estructurales. Pero la máquina está.
 
 ¿Y nosotros, por dónde andamos? Hemos tenido niveles récord de exportaciones todos estos años, pero ahora se nos caen todas las exportaciones, las tradicionales y las no tradicionales (las primeras mucho más que las segundas) y comienzan los problemas de la balanza comercial y de menores ingresos fiscales porque bajan las utilidades de las empresas y, por tanto, el pago de impuestos. ¿No es hora también para nosotros de que nos preocupemos por mirar a nuestros mercados internos?
Claro que sí. Pero tenemos una diferencia notable (mejor decir supernotable) con los países del sudeste asiático y China. Mientras su crecimiento exportador tiene como elemento central a productos manufacturados (industriales), las nuestras han tenido como eje a los recursos naturales, con más del 60% de la canasta exportadora (Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela; se agregan Argentina y Uruguay con las exportaciones de carne, soya y trigo).
 
 El resultado es que hemos entrado a una etapa de “desindustrialización prematura”, donde el peso de las actividades extractivas primarias ha aumentado en detrimento de la actividad manufacturera. Así, por ejemplo, dice el INEI que ahora minería y petróleo han subido del 5.8 al 14.3% del PBI, mientras la manufactura se ha estancado alrededor del 15%.
 
 Ojo, esto no es lo mismo que la desindustrialización relativa de los países desarrollados donde ahora han cobrado un gran peso las actividades de servicios. Dice Robert Lawrence, de la Universidad de Harvard, que ese proceso comenzó incluso antes que la globalización (la llamada “sociedad post industrial”).

 El gran problema es que cuando, ahora, miramos el mercado interno nos encontramos que difícilmente se le puede considerar –como en China– como un nuevo motor de crecimiento porque buena parte del consumo se basa en bienes baratos importados producto de la apertura comercial irrestricta (miremos a Gamarra) y del dólar barato y no de la actividad manufacturera local. Y el hecho es que buena parte de la actividad local se ha orientado al sector construcción que, si  bien da empleo, no está en la vanguardia del cambio tecnológico.
 
No era tan “papaya”, entonces, el salto a la garrocha del desarrollo del mercado interno. Eso es lo que se aprecia ahora que acaba el “superciclo” de las materias primas: el crecimiento no tenía bases sólidas. No era sostenible.
 
Sin embargo, la derecha en el poder nos sigue diciendo que la salida es más minería. Y, claro, algunos meses habrá más crecimiento porque entró a la mina “Constancia” y, también viene, “Las Bambas”. Mes a mes se mira la evolución de las décimas para arriba o para abajo del PBI. Pero no se quieren ver los problemas de fondo.
 
El financiamiento externo barato, la gran entrada de flujos de capitales y el “superciclo de las materias primas” ayudaron a tapar muchos de los problemas y alimentaron 15 años de crecimiento de los mercados emergentes. Es hora de destaparlos poniendo de relieve la importancia de las actividades manufactureras, la diversificación productiva y la ampliación de mercados internos y regionales. No se les puede saltar a la garrocha.

Publicado en La República 17 agosto 2015

 

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