¿Quién defiende a Máxima Acuña?

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Máxima Acuña tuvo que pasar cinco años (desde el 2011) luchando contra el abuso, el poder del dinero, la injusticia, el acoso policial y judicial que representa Yanacocha para que en el mundo, –y principalmente en el Perú- las autoridades y la población sepan que en nuestro país hay personas con dignidad y valor suficientes para defender lo que les pertenece, así tengan enfrente a la minera más poderosa de Latinoamérica apuntándole en la frente.

Máxima Acuña es un símbolo de la resistencia y el premio Goldman Environmental Prize es un reconocimiento a su lucha en defensa de sus tierras y del medio ambiente. Después de las movilizaciones contra Conga y la marcha por el agua, surgió la figura de esta humilde campesina que se enfrentó sola a una de las mineras más grandes del mundo.

Cuando la minera Yanacocha empezó a comprar terrenos para su proyecto Conga, Carlos Chaupe y su esposa Máxima Acuña decidieron quedarse en su predio en Tragadero Grande, Cajamarca, para seguir desarrollando sus actividades económicas. Ese fue el detonante de la persecución del que fue víctima.

Los Chaupe compraron legítimamente a un familiar (tío) ese terreno ubicado frente a la hermosa Laguna Azul en Sorochuco, y para demostrarlo tienen el certificado de posesión sobre las dieciocho hectáreas otorgado por la comunidad campesina de Sorochuco y un documento de compraventa suscrito por un juez de Paz.

Desde un principio la familia de Máxima Acuña descartó la posibilidad de vender su terreno. La empresa adquirió todas las tierras colindantes y solo faltaba la propiedad de los Chaupe para tener el control total de la zona.

Ante la negativa de los Chaupe Acuña, la empresa pretendió apropiarse del terreno por la fuerza. Sobre la base de títulos sin valor, en forma ilegal y abusiva, Yanacocha intentó desalojarlos mediante una salvaje acción en el que policías armados entraron al terreno, quemaron su choza y golpearon a Máxima Acuña, su esposo y sus hijos.

La ofensiva legal de la empresa, los llevó a denunciar penalmente por usurpación agravada a los campesinos, logrando que un juzgado condene a Máxima a dos años y ocho meses de prisión suspendida y al pago de cinco mil quinientos soles de reparación civil.

El abuso pretendía legalizarse y en medio de las protestas, en diciembre del 2014, una sala penal de apelaciones anuló la sentencia y declaró inocentes a los Chaupe Acuña y con ello quedó demostrada la intención fraudulenta y usurpadora de la empresa Yanacocha, con acciones de la peruana Buenaventura, la estadounidense Newmont y la Corporación Financiera Internacional (CFI) del Banco Mundial (BM). 

Fruto de su tenaz lucha contra la poderosa minera, Máxima Acuña fue reconocida con el premio internacional Goldman, que es equivalente al Premio Nobel del medio ambiente, pero la amenaza en su contra sigue latente.

El domingo, mientras Máxima era entrevistada en televisión fue informada que su esposo fue víctima de un atentado. Desconocidos dispararon sobre su propiedad y por suerte no hubo heridos, pero la minera ha puesto en evidencia que la lucha de Acuña aún no termina.
“Una agricultora de subsistencia en las montañas del norte del Perú se puso de pie para defender su derecho de vivir pacíficamente en su propiedad, un área apetecida por la minera Newmont y Buenaventura para desarrollar la mina de oro y cobre, Conga”, así la describió la organización que la premió.

En su alocución Máxima Acuña dijo: “Yo defiendo la tierra, defiendo el agua, porque eso es vida. No le tengo miedo al poder de las empresas”. Ella defiende la vida y el medio ambiente,  pero ¿quién la defiende a ella?

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