¿Para qué se participa en las elecciones?

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Por: 

Carlos Bedoya

Una amiga me dijo a propósito de la presencia de Yehude Simon en una de las coaliciones electorales de la izquierda: “Corremos el riesgo de repetir la historia de Ollanta”. A lo que respondí de inmediato: “¡O sea que vamos a ganar!”.

Luego de reírnos un rato caí en la cuenta de que hasta ahora no hemos comprendido el significado de la victoria de Humala en 2011 (y su derrota en 2006), ni del triunfo de Villarán en 2010.

Lo primero es que ambos hechos le dieron de nuevo espacio a la izquierda. Varios buenos políticos que se encontraban al margen de la escena se eligieron congresistas, ocuparon cargos de ministros (al menos unos meses) y otros de primera importancia tanto en el gobierno como en la alcaldía. Muchos veteranos de la izquierda recuperaron vocería pública y salen en televisión analizando la coyuntura.

De igual modo, varios jóvenes de izquierda se abrieron un espacio en la primera línea de la política como Verónika Mendoza, voceada precandidata presidencial por la coalición de izquierda que usará el registro electoral de Tierra y Libertad, quien llegó a la política de la mano de Ollantine.

En segundo lugar, en 2011 se reconfirmó que hay un tercio del electorado que quiere repartir de nuevo el poder en el Perú. Pero además, que ese tercio al llevar a un candidato del cambio a segunda vuelta, jala al centro antifujimorista y antiaprista convirtiéndose en una mayoría democrática viable para gobernar un país como este, tan a la derecha. Un bloque con contradicciones sí, pero con el que se puede iniciar la transformación. Y eso está en consonancia con lo sucedido en varios países de América Latina como nuestros vecinos Ecuador y Bolivia. Lamentablemente, el líder político de esa corriente en el Perú traicionó (no solo a la izquierda, sino a millones de votantes y hasta a sus examigos, los presidentes progresistas).

Por eso, cuando escucho que se participa en una elección para afirmar principios, o para ver si se saca algún congresista, me da pena. Y me da risa cuando dicen que necesitamos la unidad, pero no con este o aquél.

Estoy de acuerdo con que la amplitud debe tener límites, pero eso no significa caer en sectarismos, porque en política se participa para ganar el poder, el resto no sirve, a menos que se tenga vocación por la pedagogía y el testimonialismo (cada vez entre más pocos en la ruta Sinatban-Sitentel-Casa del Maestro y sus variantes).

Beto Adrianzén en su saludo al evento del Bloque Nacional Popular liderado por Sergio Tejada (que agrupa a gente más allá de la izquierda) dijo: “Estamos aquí todos los que apostamos por Ollanta. Ganamos la elección. Hicimos bien”. Bueno, tenemos que volverlo a hacer en 2016, pero para eso debemos abordar temas más relevantes que Yehude. Y no solo del cómo, sino principalmente del para qué participar.

Publicado en Diario Uno. 26/04/2015

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