¿Cuál es el peligro contra la democracia?

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Por: 

Nicolás Lynch

En los últimos días ha corrido el rumor de golpe de Estado en los corrillos políticos –a propósito de una orden de inamovilidad dada por el nuevo Comandante General del Ejército- y ello ha motivado, una vez más, encendidas declaraciones en defensa de la democracia. Sin embargo, al no aparecer en el horizonte las mínimas condiciones para un suceso de esta envergadura, parece tratarse de una cortina de humo que permita, a nuestros alicaídos partidos de la derecha neoliberal, vestirse de defensores de la democracia.


 
El tema vale, de todas formas, para reflexionar sobre los verdaderos peligros que acechan a nuestra democracia. Por delante hay que señalar la precariedad de este régimen político entre nosotros. No se trata de una democracia consolidada sino más bien de una precaria, en la que se reverencian formalmente las instituciones pero se impide a los actores sociales y políticos establecer sus reclamos por la vía de la satanización y la criminalización de la protesta.
    
En estas condiciones de estrechez democrática podemos identificar peligros reales y de corto plazo en la captura del Estado, la corrupción reinante y la negativa a una reforma política. Estos peligros tienen nombre y se llaman narcoindultos, ecoteva, libretas de Nadine, gas para el extranjero, debilitamiento de Petroperú, financiamiento desconocido de los estudios en el extranjero de los hermanos Fujimori; etc, etc, por mencionar solo algunos de los escándalos reinantes. Para algunos es acusetería para otros podredumbre. Me ubico entre estos últimos. Los políticos neoliberales han corroído el Estado peruano con sus andanzas. Si algún peligro se cierne sobre nuestra democracia es la corrupción y el lobismo desenfrenado que no repara ni por un momento en el interés general.
 
Esta actitud ha tenido en los últimos días, en la discusión sobre la necesaria y urgente reforma política, de cara a las elecciones de 2016, un test fundamental. En lugar de hacer algún eco, aunque fuera parcial, de lo que plantean diversos expertos, en especial el Jurado Nacional de Elecciones, nuestros congresistas actúan al revés, estableciendo nuevas condiciones que hacen más difícil cualquier aire nuevo y, lo que es peor, tratando de asegurarse el curul por todo el tiempo que puedan. ¿Quién les cree luego de semejante estropicio?
 
Pero lo patético está cuando estos mismos políticos llaman a respetar la libertad de expresión obviando el problema más importante que esta enfrenta en el Perú de hoy que es la concentración de medios. Insistiendo así en la desigualdad de condiciones informativas existentes y reiterándoles a los medios dominantes el poder que tienen de poner la agenda en el país.
 
Si algún tema debe ser eje de la próxima campaña electoral es justamente la necesidad de limpiar la política de la podredumbre que hoy día la está ahogando. Una política limpia tiene que ser la base para reconstruir la democracia y hacerla capaz de pensar en el interés de todos antes que en la ganancia de corto plazo.

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